Hay coberturas periodísticas que se planifican durante semanas. Otras nacen de la coyuntura. Y algunas, muy pocas, se convierten en una misión.

Cuando en mayo de 2025 la organización de los Cardenales de San Luis anunció oficialmente la exaltación del barranquillero Edgar Rentería Herazo al Salón de la Fama del club, junto al legendario lanzador Al Hrabosky y al reconocido ejecutivo Walt Jocketty, comenzó para nosotros una aventura periodística que bautizamos como la “Operación Salón de la Fama Rentería”.
No era una cobertura cualquiera. Se trataba de documentar uno de los reconocimientos más importantes en la carrera de uno de los deportistas colombianos más grandes de todos los tiempos. La misión parecía sencilla, pero el primer obstáculo era obtener la acreditación oficial.
Las solicitudes debían ser aprobadas tanto por la MLB como por la organización de los Cardenales. Gracias a la gestión de Carlos Balcázar Boully, barranquillero y scout de los Cardenales de San Luis para Latinoamérica, llegó finalmente la noticia que esperábamos: la acreditación había sido aprobada.
Cuando hablo en plural es porque inicialmente este viaje sería realizado junto a mi compañero de aula, colega y amigo Eduardo Cepeda Visbal, quien también había sido acreditado. Sin embargo, inconvenientes de última hora le impidieron acompañarnos.
La gestión se realizó a través de ACORD Colombia, entidad de la que hacemos parte, y el cubrimiento se emprendió como periodistas independientes.
Como ocurre con muchas historias que valen la pena contar, había otro desafío: el económico. Hubo que tocar puertas, presentar proyectos y explicar por qué este reconocimiento trascendía el ámbito deportivo. Afortunadamente, varios empresarios barranquilleros entendieron la importancia histórica del momento y respaldaron el viaje.
Así comenzó la travesía.
La larga noche de Miami
El jueves 4 de septiembre, a las 8:00 de la mañana, partimos desde Barranquilla hacia Miami. Allí haríamos escala hasta las 10:00 de la noche para abordar el vuelo rumbo a San Luis, Misuri.
Pero los planes rara vez salen exactamente como se diseñan.
El vuelo fue aplazado una vez. Luego otra. Y otra más. Pasó de las 10:00 p.m. a las 10:57, después a las 11:20, posteriormente a las 12:57 y finalmente a la 1:26 de la madrugada. Terminó despegando a las 2:26 a.m. del viernes 5 de septiembre.
Aquella interminable espera tuvo, sin embargo, una recompensa inesperada.
A pocos metros se encontraba Edgar Rentería acompañado de familiares y amigos que viajaban para compartir con él un momento histórico. Lo que inicialmente parecía una molestia terminó convirtiéndose en una agradable tertulia beisbolera.
Hablamos de sus inicios, de sus temporadas con los Cardenales, de sus Guantes de Oro, de sus participaciones en Juegos de Estrellas y de múltiples historias que ayudaron a construir su legado.
En medio de la conversación surgió una curiosa coincidencia.
Rentería jugó 16 temporadas en las Grandes Ligas. Fue campeón de Serie Mundial en dos ocasiones utilizando el número 16. Sin embargo, en San Luis, el equipo donde alcanzó gran parte de sus logros individuales, utilizó siempre el número 3.

Aprovechando aquella coincidencia le pedí un favor:
—Edgar, regálame 16 minutos para hablar de tu ingreso al Salón de la Fama.
Sonrió y aceptó.
Entre anécdotas y recuerdos, las horas transcurrieron sin sentir el peso del retraso. El tiempo dejó de ser un problema y se convirtió en una conversación privilegiada con el hombre que llevó el nombre de Colombia a lo más alto del béisbol mundial.
Finalmente aterrizamos a las 4:26 de la madrugada en el Aeropuerto Lambert de San Luis.
La misión apenas comenzaba.
Listo en el play
Después de unas pocas horas de descanso llegamos al Busch Stadium, la moderna casa de los Cardenales.
Curiosamente, Edgar Rentería nunca jugó allí como local. El estadio fue inaugurado en abril de 2006, cuando el barranquillero ya vestía el uniforme de los Bravos de Atlanta.
Los primeros minutos fueron de adaptación. Entre controles de seguridad, acreditaciones y barreras idiomáticas, el ingreso no resultó tan sencillo como esperábamos. Finalmente, con la ayuda de un traductor venezolano, logramos completar el proceso y recibir nuestras credenciales para cubrir la serie entre los Gigantes de San Francisco y los Cardenales de San Luis.
La única mala noticia fue que, debido a esos trámites, nos perdimos la ceremonia de entrega de la tradicional chaqueta roja, símbolo de ingreso al Salón de la Fama de los Cardenales.
Ya instalados en la tribuna de prensa, detrás de la anotadora oficial y con una privilegiada vista del home plate, comenzamos a tomar dimensión del momento que estábamos viviendo.
Entonces sonó el teléfono.
—Estamos en la suite 60. Llega —dijo Edgar.
No sabía dónde quedaba, pero preguntando llegué.

Allí estaban sus hijas Nicolé y Thaina, familiares, amigos cercanos y el propio homenajeado, disfrutando de la antesala de uno de los días más importantes de su vida.
Mientras observaba el partido analizaba cada lanzamiento, cada turno y cada movimiento ofensivo como si aún estuviera dentro del terreno.
En medio de la conversación le pregunté:
—¿Y por qué no ser manager?
Su respuesta fue inmediata.
—Prefiero estar como coach de banco. El otro año estaré al lado de José Mosquera en el Clásico Mundial.
La respuesta reflejaba perfectamente su personalidad: liderazgo sin necesidad de protagonismo.
Una conversación para la historia

A medida que avanzaba la tarde, la emoción se hacía evidente.
Al preguntarle qué significaba ingresar al Salón de la Fama de los Cardenales, respondió con serenidad.
—Me siento muy feliz. Es un agradecimiento por todo lo que hice aquí, por ayudar al equipo a ganar y por el cariño que siempre recibí de los fanáticos.
Detrás de él destacaba un número cargado de simbolismo: el 16.
Sin embargo, recordó que al llegar a San Luis ese número ya pertenecía a Ray Lankford.
—Por eso jugué con el número 3. Ese número también terminó siendo parte de mi historia aquí.
Cuando le pedí un mensaje para Colombia, su respuesta resumió el verdadero significado de aquella exaltación.
—Quiero que los jóvenes vean que sí se puede. Todo parece imposible hasta que alguien lo logra. Con disciplina y trabajo los sueños se cumplen.
Era mucho más que un homenaje personal.
Era una lección para las nuevas generaciones.
El gran día
El 6 de septiembre amaneció diferente.
Desde temprano nos ubicamos frente al hotel donde se hospedaban los homenajeados. Por allí desfilaban figuras legendarias de los Cardenales como Tony La Russa, Ozzie Smith, Ted Simmons, Scott Rolen, Joe Torre, Mark McGwire, Chris Carpenter, Ray Lankford y José Oquendo.
Era imposible no sentir que se estaba respirando historia.
Horas después llegamos al Museo y Salón de la Fama de los Cardenales, ubicado junto al Busch Stadium.
Tras adquirir el boleto de ingreso recorrimos las exhibiciones hasta llegar a una pared donde descansaban las placas de los inmortales de la franquicia.

Allí estaba.
La placa de Edgar Rentería.
El nombre del barranquillero quedaba oficialmente inscrito junto a las más grandes figuras que han vestido el uniforme cardenal.
Muy cerca se exhibía su camiseta número 3, acompañada por una reseña de sus logros entre 1999 y 2004.
Por un momento el tiempo pareció detenerse.
Recordé al joven pelotero que comenzaba su carrera en Barranquilla, sus primeras entrevistas, sus temporadas con Caimanes y sus conquistas en las Grandes Ligas.
Ahora estaba allí, inmortalizado.
El orgullo de un país
La ceremonia transcurrió exactamente como la organización había programado.
Los homenajeados desfilaron en vehículos convertibles color rojo cardenal ante miles de aficionados que los ovacionaban.
Cuando Edgar apareció, el aplauso fue inmediato.
La emoción era visible en su rostro.
También en el de sus hijas, familiares y amigos.
Horas más tarde, en la suite 60, llegó el momento de cumplir la promesa de los 16 minutos.
La entrevista terminó extendiéndose mucho más.
Una voz colombiana para la televisión de los Cardenales
Ya estábamos listos para iniciar nuestro trabajo cuando la jefa de protocolo de los Cardenales se acercó al lado de Edgar y me comentó:
—La transmisión en español de los Cardenales está realizando entrevistas a los nuevos miembros del Salón de la Fama para emitirlas antes del inicio del juego. Quisiera saber si nos puedes ayudar con eso.
Tremendo honor. No solo estaba cubriendo uno de los momentos más importantes en la carrera de Edgar Rentería, sino que además tendría la oportunidad de poner mi voz en una producción oficial de la organización para los aficionados hispanohablantes.
Sin pensarlo dos veces respondí:
—Claro, ¿qué hay que hacer?
Las preguntas ya estaban preparadas. Mi única tarea sería formularlas. Como decimos en el argot periodístico, fue una sola toma.
Esta fue la entrevista realizada para la transmisión en español de los Cardenales de San Luis:
Entrevistador: Bienvenido a San Luis. ¿Cómo has pasado estos tres días con tu familia de sangre y tu familia de béisbol?
Edgar Rentería: La verdad, muy feliz. Muy feliz, la verdad. Es la primera vez que vienen a San Luis; disfrutaron mucho, la pasaron súper bien, muy orgullosas se sienten. Y mi familia del béisbol, mis compañeros, que los quiero mucho, los fanáticos… la verdad que la pasé súper, súper bien.
Entrevistador: Cuando viste a algunos de tus excompañeros, ¿cómo fue ese reencuentro?
Edgar Rentería: Chistosísimo, como siempre, como lo teníamos en el clubhouse. Ellos no cambian; siempre la misma risa, siempre lo mismo, muchos chistes y recordando las anécdotas que vivimos cuando jugamos juntos.
Entrevistador: Al ver a Tony La Russa, tu mánager y el hombre que te llevó a San Luis junto a Walt Jocketty, ¿cómo fue ese momento para ti?
Edgar Rentería: Increíble. Tony para mí es el mejor mánager que ha existido en el béisbol. Siempre es un orgullo hablar de él porque se lo merece. Cuando lo vi, le di un abrazo como una manera de agradecerle y decirle lo orgulloso que me siento de él.
Entrevistador: Ahora, con tu chaqueta roja como miembro del Salón de la Fama de los Cardenales, ¿qué sientes?
Edgar Rentería: Orgullo. Eso es lo que siento. San Luis siempre ha sido muy especial para mí. La organización es especial, siempre son Clase A, son los mejores. Por eso cada vez que regreso me siento muy orgulloso.
Entrevistador: Muchos colombianos se dieron cita en la ceremonia. ¿Qué significa para ti el apoyo de tu gente?
Edgar Rentería: Siempre estoy contento con mi gente. Necesitamos esto en nuestro país para que los muchachos que vienen creciendo vean que no es imposible llegar al Salón de la Fama de un equipo. Que trabajen duro. Y cuando vi esa bandera de Colombia, sentí un orgullo enorme.
Entrevistador: Gracias, Edgar, y felicitaciones. Esperamos verte pronto de regreso en tu casa, el Busch Stadium.
Edgar Rentería: Gracias.
Así terminó la entrevista. Al concluir, Edgar sonrió y comentó entre risas:
—Ahí quedó… y con voz de periodista y todo.
Las carcajadas no se hicieron esperar. La organización agradeció la colaboración y yo me quedé con una experiencia inesperada: además de cubrir la histórica exaltación de Edgar Rentería al Salón de la Fama de los Cardenales de San Luis, había tenido el privilegio de participar en una producción oficial de la franquicia para toda su audiencia de habla hispana.
16 Minutos en honor a sus 16 años.
En la entrevista central con el big leaguer barranquillero, hablamos de su madre Visitación, de Tony La Russa, de la Serie Mundial de 2004, de San Francisco en 2010, del presente del béisbol colombiano y del Clásico Mundial.
Entre respuesta y respuesta aparecía siempre la misma constante: gratitud.
Gratitud hacia el béisbol.
Gratitud hacia Colombia.
Gratitud hacia los Cardenales de San Luis.
Cerca de la inmortalidad

Al finalizar la jornada, los Cardenales derrotaron a los Gigantes y terminarían ganando la serie.
Nos despedimos nuevamente en la puerta del hotel.
Antes de partir, acordamos reencontrarnos en cualquier lugar del mundo donde el béisbol volviera a reconocer la trayectoria de Edgar Rentería.
Porque si algo quedó claro durante aquellos días en San Luis es que su historia está lejos de terminar.
Su nombre ya ocupa un lugar permanente en el Salón de la Fama de una de las franquicias más importantes del béisbol.

Pero más allá de las placas, las estadísticas o los trofeos, el verdadero legado de Edgar Rentería sigue vivo en cada joven colombiano que sueña con llegar a las Grandes Ligas.
Aquella semana en San Luis no fue únicamente la historia de un homenaje.
Fue la confirmación de que un niño nacido en Barranquilla había conquistado la inmortalidad deportiva y, al mismo tiempo, seguía inspirando el futuro del béisbol colombiano.

